
Arsène Wenger fue nombrado hace poco como el mejor entrenador de la década. Y sí es cierto que durante los primeros años de los dosmil, mereció recibir ese galardón. Su Arsenal inmortal -como lo recuerdan ellos- que ganó la Premier sin perder un sólo partido, es uno de los mejores equipos que se recordarán siempre -Pirés, Henry, Vieira, Ljunberg, Edu...-. Pero desde que alcanzara su punto álgido en la final de la Champions en 2006, el Arsenal ha sido un equipo mediocre, blando, inexperto y con casi nula capacidad de competición al más alto nivel.
Cierto es que las posibilidades económicas de los gunners son muy inferiores al resto de rivales con los que compite -United, City, Chelsea, Tottenham, Aston Villa e incluso Liverpool-. Su gasto en los últimos años equivaldría al de un equipo recién ascendido -la construcción del Emirates Stadium les ha condenado muchísimo- y año a año, se ha clasificado entre los cuatro primeros, llegando siempre a la fase de grupos de la Champions. Pero... hay que pedir más, ¿no?
Como decíamos, desde el 2006, el Arsenal ha estado plagado de chavales que difícilmente superaban los 21 años. Exceptuando a Lehmann y a Cesc -no olvidemos que tiene ¡23 años!-, los demás eran 'niños' cuya capacidad de luchar contra 'hombres' era escasa.
Pero este año ya no tiene excusa. La plantilla actual del equipo del norte de Londres es prácticamente igual a la de la temporada pasada y la anterior. Con jugadores como Cesc, Van Persie, Nasri, Diaby, Song, Sagna, Clichy y otros muchos más, el Arsenal tiene que aspirar a más, y ayer, dio una imagen pobre, mediocre y muy distante de lo que de Wenger se debería esperar -mejor entrenador de la década-.
Durante muchos años Wenger fue la imagen del flying football, de un fútbol atractivo, eléctrico, vistoso y sobre todo, ganador o competitivo al menos. Pero eso se quedó en el recuerdo. Si los gunners son segundos en la Premier, es por demérito de los rivales. Si el Arsenal no llega más lejos en la Champions, es porque quizá Wenger sea más ficción que realidad.





¡Qué crack el tío! Apuntaba muchísimas maneras en el Werder Bremen. Se destapó ante el mundo en un partidazo ante el Bayern de Múnich -cuyo resultado creo que fue 3:5- en el que el bueno de Mesut marcó un soberano golazo -un zurdazo por toda la escuadra- que comenzó a retumbar por toda Europa.
Viendo los primeros 45 minutos del Real Madrid frete al Real Racing Club en el Sardinero, se podría pensar que era la primera parte de los